El Mecanismo Europeo de Estabilidad y las reformas financieras

 

La actual discusión en torno al Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEE), conocido también como “fondo salva Estados”, no puede ser tratada de acuerdo a intereses electorales de los actores políticos nacionales, sino dada su gran importancia, necesita abordarse sin clamores políticos o mediáticos.

 

El MEE se encuentra en operación desde 2012 y, al momento, se discute su reforma, cuyo primer elemento es la posibilidad de que sea empleado para poyar al Fondo Único de Resolución (SRF, siglas en inglés) para los bancos, en caso de una crisis grave del sector.

 

Desde 2015, el Fondo es un instrumento operativo del Consejo Único de Resolución (SRB) de la Unión Bancaria Europea, funcionando con capital del sistema bancario europeo, y no de los Estados. Su tarea es garantizar una reestructuración ordenada de los bancos con serias dificultades y reducir su impacto negativo en la economía real y en las finanzas públicas.

 

Hoy, el SRB tiene activos superiores a 22 mil millones de euros. En Italia, la Banca Popolare di Vicenza y el Veneto Banca no pudieron beneficiarse de él, porque se consideró que su insolvencia no representaría una amenaza a la estabilidad financiera.

 

En la reforma, se espera que el Fondo pueda recurriré al MEE, en caso de falta de recursos para bregar con situaciones graves de emergencia, como ocurrió en los EU, en 2008, con la quiebra del megabanco LehmanBrothers. La estabilidad del sistema bancario es de interés de todos los europeos, no solamente de Alemania.

 

Ciertamente, algunos bancos alemanes y franceses son considerados demasiado grandes para quebrar y, por tanto, son considerados como responsables de riesgos sistémicos. De nuevo, en Italia, este no es el caso del Banco Popolare de Bari, el cual será rescatado de su crisis con un paquete de 900 millones de euros del gobierno italiano.

 

Otro aspecto de la reforma es la asistencia financiera a países en dificultades, debido a deudas púbicas excesivas. El MEE podría utilizarse, desde que la capacidad de endeudamiento y pago del país sea sustentable, de acuerdo con las evaluaciones de la Comisión Europea en acuerdo con el Banco Central Europeo (BCE) y, siempre que sea posible, con el Fondo Monetario Internacional (FMI).En tales casos, el MEE puede pedir una restructuración parcial de la deuda, aunque esto sea automático. Para una votación de emergencia, es necesaria una mayoría del 85% de los votos y 80% de los votos para procedimientos de mayoría calificada. La cuota de Italia en el Mecanismo es de 17.9%, lo que le confiere un casi poder de veto.

 

Recuérdese, que el país que recurre al MEE para acceder a créditos preventivos debe llenar tres condiciones: déficit público inferior al 3% del PIB, deuda pública inferior al 60% del PIB o, demostrar que, en los dos años anteriores a su petición, ya estaba comprometido con una reducción superior a los 60% citados a una tasa media anual del 5%. Para Italia, esto significaría una reducción anual del 3.5% en exceso de deuda.

 

Si estos requisitos no fuesen respetados, está prevista una cierta disponibilidad para una concesión de una línea de crédito en condiciones más rígidas, desde que haya una situación económico-financiera sólida y una deuda pública sustentable.

 

De cualquier manera, una evaluación cuidadosa de la reforma del MEE enseña algunas reflexiones. Antes de todo, las intervenciones planeadas son de hecho “medidas-tapón” frente a una crisis anunciada. Así no tanto el MEE, sino Europa y los gobiernos involucrados, deben intervenir anticipadamente para corregir las causas de las distorsiones financieras que pueden desatar una crisis.

 

En lo tocante al sector bancario, el mayor factor de riesgo es, ciertamente, el crecimiento exponencial de los derivados financieros, en particular del mercado “de ventanilla” (over-the-counter u OTC). De hecho, el último informe de la ESMA, autarquía europea para la supervisión de los mercados financieros, muestra que, a finales de 2018, el mercado europeo de derivados tenía un valor nominativo de 735 billones de euros (¡un aumento del 11% en un año!), de los cuales el 90% estaban en la modalidad OTC.

 

La preocupación al respecto, se enfoca principalmente en los bancos europeos “demasiado grandes para caer”, comenzando con el Deutsche Bank, propietario de derivados con un valor nominativo de 43.5 billones de euros.

 

En este sentido, la separación entre bancos de inversión y bancos comerciales no puede demorarse más. Las autoridades europeas deben prohibir estos últimos si se involucran en operaciones especulativas, exigiéndoles un aumento de depósitos en garantía para operaciones de riesgo y, en cualquier caso limitar las ventas al descubierto.

 

En nuestra opinión, el punto crucial de las economías europeas más frágiles es la reducción de la relación deuda/PIB y la promoción del crecimiento mediante una política de inversiones y apoyo, inclusive del bloque europeo, para las actividades productivas y el comercio.

 

Parece, entonces, extraño que el MEE pueda recurrir a los mercados de capital, con la emisión de títulos y obligaciones, para proteger al sistema bancario y a los países con una situación difícil de deuda. No se sabe, sin embargo, por que las instituciones europeas, con las mismas herramientas y en las dimensiones necesarias, no garanticen nuevos créditos y capital para inversiones, infraestructura, investigación e innovación.

 

Desde hace mucho, se habla de títulos europeos (eurobonds) para la promoción del crecimiento, pero no existe una verdadera voluntad de lanzarlos ¿Por qué?

*MSIa Informa

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