¿Qué falta para una visita del Papa a Moscú?

 

El 4 de julio pasado el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin aprovechando su visita de estado a Italia, se reunió en el Vaticano con el papa Francisco, evento que se repite por tercera vez después de las audiencias privadas en 2013 y 2015. La insólita frecuencia de reuniones muestra una cierta empatía de puntos de vista convergentes en relación a temas estratégicos mundiales: la paz mundial amenazada por los conflictos permanentes del Medio Oriente y sus consecuencias sobre la situación de las minorías cristianas perseguidas en la región lo que amenazan su existencia.

 

En un comunicado del portal del Kremlin dado a conocer por la agencia de noticias Sputnik, se destaca la cercanía cada vez mayor entre Moscú y el Vaticano:

 

“El líder ruso reveló que el sumo pontífice le autorizó contar públicamente que entre sus libros de cabecera siempre se encuentran obras de León Tolstói y Fiodor Dostoievski, los ‘clásicos de la literatura rusa. Eso dice mucho, eso pone en evidencia nuestras profundas raíces comunes’, aseguró Putin”

 

Por su parte, la oficina de prensa del Vaticano emitió un parco comunicado que informa que los temas generales tratados fueron las crisis de Venezuela, Siria y Ucrania. Además de “cuestiones relevantes para la vida de la Iglesia Católica en Rusia”, del tema ecológico y de las actuales relaciones bilaterales entre la Santa Sede y la Federación Rusa.

 

“Durante las cordiales conversaciones, ambas partes expresaron su satisfacción por el desarrollo de las relaciones bilaterales, reforzadas posteriormente con la firma, de un memorando de entendimiento sobre la colaboración entre el Hospital ‘Bambino Gesù’ y los hospitales pediátricos de la Federación Rusa”.

 

La diplomacia Santa Sede-Moscú va más allá de la mera simpatía mutua, y está avanzando en la cooperación sobre temas cruciales de carácter moral y espiritual que devastan al mundo occidental, con un acercamiento paralelo y sin precedentes históricos entre la Iglesia Ortodoxa y la Iglesia Católica, después de más de mil años del cisma que las separó en el siglo XI.

 

Este acercamiento se inició en el pontificado de Juan Pablo II, a partir de la visita de Mijaíl Gorbachov el primero de diciembre de 1989, cuando aún existía la Unión Soviética y estaba en curso la Perestroika. Entonces Juan Pablo II recordó a Gorbachov que el año anterior Roma celebró el milenio del Bautismo de la Rusia de Kiev.

 

El 11 de febrero de 1998, el presidente ruso Boris Yeltsin visitó a Juan Pablo II. Pero definitivamente ha sido el presidente Vladimir Putin el que ha mantenido una diplomacia más activa y frecuente con El Vaticano. Además de reuniones con Juan Pablo II y Benedicto XVI, se ha reunido como ya señalamos tres veces con el actual pontífice. Cabe destacar en este acercamiento el histórico encuentro en Cuba en enero de 2016 entre el Papa Francisco y el Patriarca de todas las Rusias, Cirilo I de Moscú.

 

La guerra hibrida religiosa en Ucrania

Todo indica que el tema de la prolongada guerra en Ucrania cobro gran importancia en la reunión Putin-Francisco. Ucrania como se sabe vive una situación geopolítica explosiva respecto a Rusia y a Europa. En el que también está involucrado el aspecto religioso.

 

El 15 de octubre de 2018, la Iglesia Ortodoxa Rusa anunció el corte de todos los nexos con el patriarcado de Constantinopla, jerárquicamente responsable por la Iglesia Ortodoxa Griega, por haber aceptado una autocefalia (independencia) declarada por dos ramas de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana, originalmente vinculada al Patriarcado de Moscú. Aunque parezca una aberración en pleno siglo XXI, el cisma, considerado el más grave desde que se separaron la iglesia católica y la ortodoxa en el siglo XI, afecta directamente a los 300 millones de fieles de la Iglesia Ortodoxa y es resultado de las maquinaciones geopolíticas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) contra Rusia.

 

La separación de las iglesias ortodoxas ucranianas del Patriarcado de Moscú ha sido incentivada por la OTAN desde la independencia de Ucrania de la antigua Unión Soviética en 1991. La interferencia externa se intensificó después del golpe de estado de 2014 en Kiev, incentivado por el Departamento de Estado y la CIA (Agencia Central de Inteligencia) estadounidenses, habiendo pasado las iglesias “rebeldes” a controlar propiedades tradicionalmente ligadas a la Iglesia Ortodoxa Rusa.

 

En septiembre de 2018, el ex-embajador especial de los EUA para asuntos de libertad de religiosa internacional, Sam Brownback, visitó Kiev para reunirse con el presidente Petro Poroshenko y manifestarle el pleno apoyo de Washington a la propuesta de la creación de una Iglesia Ortodoxa Autocéfala Ucraniana.

 

Con el apoyo externo, el Patriarcado de Kiev ahora está impulsando el repudio de los ucranianos hacia la Iglesia Ortodoxa Rusa, algo que puede incitar todavía más las tensiones internas del país, de por si complicadas por el conflicto de cuatro años con las provincias del Este, de mayoría étnica rusa. A pesar de la “autocefalia”, un gran número de ucranianos se mantienen fieles a la Iglesia Ortodoxa Rusa y al Patriarcado de Moscú.

 

En un editorial publicado el pasado 19 de octubre, el sitio ruso Strategic Culture Foundation observó que, al fomentar la cizaña ortodoxa, Washington y la OTAN pretenden tomar el liderato y fomentar el aislamiento internacional del presidente ruso Vladimir Putin, cuyos lazos con la Iglesia Ortodoxa Rusa son notorios, así como el papel de la institución eclesiástica en la “reconstrucción espiritual” del país.

 

Por lo anterior, evidentemente desde que el conflicto afloró el Vaticano ha seguido muy de cerca los acontecimientos ucranianos.

 

Así al otro día del encuentro Putin-Francisco, el Papa Francisco recibía en El Vaticano a la alta jerarquía de la Iglesia greco-católica de Ucrania, entre otros el obispo greco-católico de Kiev, Halyc Svjatoslav.

 

En un sentido pronunciamiento por el desangramiento del país, el papa Francisco hizo alusión directa a lo que se denomina “guerra hibrida”, desencadenada en Ucrania por la OTAN, y al intento de manipular los asuntos religiosos, en una clara alusión a la disidencia de la Iglesia Ortodoxa local que después de siglos de unidad se separó de la Iglesia Ortodoxa Rusa.

 

“Ucrania vive desde hace tiempo una situación difícil y delicada, desde hace cinco años herida por un conflicto que muchos llaman ‘híbrido’, compuesto de acciones de guerra donde los responsables se mimetizan; un conflicto donde os más débiles, los más pequeños pagan el precio más alto, un conflicto agravado por falsificaciones propagandísticas y manipulaciones de diferente tipo, también por el intento de implicar el aspecto religioso” afirmó Francisco.

 

Al pedir a los jerarcas de la iglesia ahí reunidos para aumentar los esfuerzos para la paz, enfatizó la necesidad de unirse a otras religiones del suelo ucraniano “La sinodalidad también lleva a ampliar los horizontes y a vivir la riqueza de la propia tradición dentro de la universalidad de la Iglesia: a mantener buenas relaciones con los demás ritos, a considerar la belleza de compartir partes significativas del propio tesoro teológico y litúrgico con otras comunidades, también las no católicas; a entretejer relaciones fructíferas con otras Iglesias particulares, y con los Dicasterios de la Curia Romana”. Finalmente, el Papa recibió una invitación para visitar a Ucrania, por ahora sin respuesta.

 

El Papa en Moscú

La anterior fue una hipótesis lanzada en la atmosfera mediática y oficiosa de la visita del presidente Putin al Papa Francisco. Esa realidad era impensable hace una década, ahora es cada vez más probable.

 

Poco antes de la última reunión Putin-Francisco, el italiano Don Paoli Pezzi, arzobispo metropolitano de la Madre de Dios en Moscú y Presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de la Federación Rusa, declaró que: “El asunto de la paz, dada la creciente inestabilidad en el mundo no puede estar ausente de la agenda de la próxima audiencia”, porque sabemos muy bien, agregó, que “Rusia es una nación esencial para la paz, que puede hacer posible alcanzar ese objetivo. Y el Papa está muy interesado en la pacificación entre los pueblos”.

 

El servicio de noticias Vatican News, que publicó la entrevista con el arzobispo Paoli Pezzi, también lo interrogó sobre si en el encuentro se plantearía una visita de Francisco a Moscú. El respondió: “Sabemos que, para el Papa Francisco, es deber del poder político hacer una invitación formal. Pero sobre todo es la autoridad religiosa del país la que debe estar interesada en tener al Papa como su invitado. Me parece que hasta ahora la Iglesia Ortodoxa, no ha hecho una invitación oficial”.

 

Por su parte. el portavoz del Vaticano, Alessandro Gisotti, dejó clara “la satisfacción sincera y alegre del Santo Padre” por la visita del mandatario. Y se mostró optimista: “estoy seguro de que el Papa visitará Moscú en unos años”.

 

Que Putin actúa en unidad con la Iglesia Ortodoxa no hay dudas, como tampoco el hecho de que él que resalte la importancia de la religión en el proceso civilizatorio, y más precisamente el menosprecio a esta lo ubique en el predominio actual del mundo liberal. Esto lo dejo muy bien expresado en una entrevista con el Financial Tiimes al advertir del veneno del laicismo radical que permea sobre todo a Europa:

 

“La religión debe desempeñar el papel que tenga en cada momento. No puede ser empujada hacia afuera de este espacio cultural. No debemos abusar de nada. Rusia es una nación cristiana ortodoxa y siempre hubo problemas entre el cristianismo ortodoxo y el mundo católico. Exactamente por eso tengo algunas palabras sobre los católicos. ¿Hay ahí algún problema? Sí, hay, pero los problemas no pueden ser exagerados y usados para destruir a la propia Iglesia Católica Romana. No puede admitirse. A veces, tengo la impresión de que esos círculos liberales están comenzando a usar ciertos elementos y problemas de la Iglesia Católica como herramienta para destruir a la propia iglesia. Ahí está lo que me parece incorrecto y peligroso.

 

“¿Será que todos olvidamos de que todos nosotros vivimos en un mundo basado en valores bíblicos? Hasta los ateos y otros viven en este mundo.

 

“Nosotros no tenemos que pensar sobre eso todos los días, frecuentar la iglesia y orar, para demostrar así que somos devotos cristianos o musulmanes o judíos. Sin embargo, en el fondo, debe haber algunas reglas humanas fundamentales y valores morales. En este sentido, los valores tradicionales son más estables y más importantes para millones de personas que esa idea liberal que en mi opinión, está realmente desapareciendo, dejando de existir”.

*MSIA INFORMA

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